Alejo Aguilar: El talento sin disciplina es una vergüenza

Alejandro Aguilar, es uno de los actores más prolíficos del teatro, el cine y la televisión colombiana. A lo largo de su carrera, desde que se dio a conocer por su recordado personaje en la serie de televisión Rosario Tijeras, se ha convertido prontamente en un referente de la actuación de la nueva generación, convirtiéndose así, en el actor que ha realizado más cine en Colombia a lo largo de la década. Sin embargo, defiende que el teatro es el templo del actor y por tal razón, constantemente regresa a las tablas cada vez que tiene la oportunidad.

El clan films

Junto al conocido Mateo Stivel, hijo de la importante actriz colombiana María Cecila Botero y el director argentino David Stivel; Alejandro Aguilar, ve la necesidad en complicidad, de fundar un grupo de teatro que se permita tener distintos puntos de visto, partiendo de una premisa; y es que todos los actores fueran de distintas escuelas, para él no existen los actores de cine, de teatro o televisión, yo creo que un actor debe tener la capacidad de transitar por los tres lenguajes, tampoco creo en los actores “stanislavski”, “grotowskianos”, de Eugenio Barba, yo los últimos años estudié en San Antonio de Los Baños, la técnica meisner, ya me especialicé, pero tampoco creo que eso me da un derecho de pontificar y decir, yo soy mejor que otro, ni nada. Entonces, el tener actores de distintas escuelas hace que esa simbiosis, nos reinvente.

Así nace el grupo de teatro El Clan Films, que debe su nombre en gran parte, a un homenaje a la compañía argentina el Clan Stivel, que fundó el padre de Mateo, junto China Zorrilla, Norma Aleandro y Darín. Para Aguilar, estar en las tablas es vital, porque considera que en el teatro es el único espacio en donde el actor, definitivamente, está completamente desnudo, es el lenguaje en donde uno más se hace preguntas, siempre estamos expuestos, yo considero al público como un asesino, un grupo de personas que van a ver lo que uno hace, esto en términos de Alejandro, supone una necesidad, un hambre de decir algo y ese sentir es el que ha intentado explorar con El Clan, ahora como director.

Los montajes: una simbiosis entre el cine y el teatro

La primera exploración del grupo fue la obra Vidas al borde, que entre otras cosas, indaga acerca de lo que Aguilar considera el problema del hombre moderno: la soledad. Esta puesta en escena le llevó dos años coescribirla junto a Álvaro Vanegas, es un poco de El Lobo Estepario de Herman Hesse, comenta. Además, esta pieza en especial, se convertirá próximamente en la ópera prima como director de cine, del actor tolimense.

La segunda obra del grupo, es denominada “Sala de espera”, en esta ocasión, se adentra en lo que él mismo categoriza como una “histeria colectiva”, que hace referencia a la espera en general, “para todo en este país hay que esperar, la gente se muere esperando, existe el corredor de la muerte”.

Hoy nos reúne su más reciente trabajo, “De psicópatas y otros hombres”, que está próxima a finalizar temporada en el espacio alternativo La Futilería. Una dramaturgia potente de Walter Fernández, a la que Alejo, respetuosamente, le adaptó para traerla al contexto colombiano, en donde el tema de la violencia de género está en boga.

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Estos tres trabajos convergen en algo, y es que, la propuesta del grupo apunta a que en cada uno de sus montajes, se logre una simbiosis entre el cine y el teatro, es decir, se logre despertar sensaciones a través de un lenguaje más cercano al público, otorgándole la posibilidad de juzgar y vivir lo que sucede, viendo no actores, sino humanos.

No creo en los actores “Stanislavski” o “Grotowskianos” El proceso creativo, con Alejandro Aguilar, como ya lo mencionamos anteriormente apunta a una cosa: “que el actor profundice sobre un estado de ánimo y le transmita eso al espectador”, para él no existen los actores de cine, de televisión, o de teatro, todos los que se dedican al quehacer dramático “debe tener la capacidad de transitar por los tres lenguajes, tampoco creo en los actores “stanislavski”, “grotowskianos”, o de Eugenio Barba; yo los últimos años estudié en San Antonio de Los Baños la técnica meisner, me especialicé, pero tampoco creo que eso me dé un derecho de pontificar y decir que soy mejor que otro, el actor no tiene que demostrar, sino mostrar”.

Asimismo, enfatiza que en el proceso de creación y de construcción de personajes, le interesa mucho que los actores, tengan muchos referentes, desde la literatura, el cine y la pintura, para que tenga un lenguaje universal. Una vez cargado de referentes sobre lo que busca específicamente, el trabajo se profundiza a través de los temperamentos (colérico, flemático, sanguíneo o melancólico), descubrir cómo se comporta la cabeza, las inteligencias múltiples y finalmente un verbo de acción.

El talento sin disciplina es una vergüenza

Actualmente, Alejo, tiene varias ofertas de trabajo, que lo ponen en una agenda muy apretada, que él mismo reconoce que lo hace feliz, pues así no se detiene de hablar, de hacerse preguntas, de contar. Es consciente de que “el talento sin disciplina es una vergüenza” pues hay que alimentarlo todos los días.

Hace poco estrenó con Netflix, la serie “El Chapo”, en la cual él realiza uno de los personajes coprotagónicos. El pasado 20 de abril estrenó “Empeliculados”, una cinta de comedia en la que interpreta a un personaje que sueña con hacer cine. Junto a su esposa, Ana Karina Soto, produjo la obra “De psicópatas y otros hombres” que finaliza temporada este sábado.

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